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28/7/16

REVIEW: La teoría del arte Vs la señora Goldgruber

La teoría del arte vs la señora Goldgruber
Guión y dibujo: Nicolas Mahler
Editorial SinsEntido (febrero de 2012)
Características: 128 páginas. Rústica con solapas. 15 x 21 cm.


“Los cómics me permiten huir del aburrimiento” Mahler

Voy a suponer que mis conocidos que hacen cómic habrán escuchado sobre el autor del libro que les enseñaré a continuación; si no lo identifican, este puede ser un buen momento. Le dicen el Gran Mahler, es un dibujante y fue el responsable de que cambiara toda mi perspectiva acerca del cómic. Su libro, La teoría del arte versus la señora Goldgruber llamó especialmente mi atención, porque cuando cayó en mis manos, me encontraba leyendo precisamente El círculo del arte de George Dickie, así que quise mezclar mis lecturas académicas e incluir un poco de humor entre ellas. La combinación Dickie y Mahler aunque parezca descabellada, fue de lo más agradable para mí, porque, mientras Dickie planteaba un cuestionamiento a la teoría institucional del arte analizando su “definición” ordinaria, es decir, lo que tradicionalmente la gente entiende por "arte", Mahler ejemplificaba con una sagaz e irónica crítica esta teoría y sus conceptos; era como si el personaje representado por la señora Goldgruber fuera la personificación de la teoría que cuestionaba Dickie ¡Bastante divertido!


La presentación del libro es agradable, tiene un tamaño estándar de 15 x 21 cm y en realidad, cuando lo vi por primera vez, sentí ganas de comprarlo. Es notable que el título sea algo provocador dado que siempre que aparece la frase teoría del arte, llama especialmente nuestra atención a quienes nos interesa saber ¿y esto del arte, de qué es que se trata?

La portada es una de las viñetas que aparecen en la divertida historia, que va más o menos así: la señora Goldgruber es nada menos que una funcionaria del gobierno alemán, específicamente una funcionaria en la oficina de Hacienda, a quien nuestro personaje (Mahler) deberá convencer de que su trabajo es arte, ya que debe declarar una renta ¿No se les hace familiar el caso? A partir de allí, el mismo Mahler (el libro fue basado en sucesos completamente reales) se ve en más de una encrucijada al momento de probar que su trabajo como dibujante de cómic, es tan digno de ser llamado arte como el trabajo de un pintor moderno, esto teniendo en cuenta que, para nuestra malhumorada funcionaria, su trabajo no era un trabajo que se pudiera considerar como arte según su criterio. 

Luego de unos intentos fallidos por explicar, la señora Goldgruber le dará un plazo de días para que logre reunir las pruebas suficientes que confirmen que su trabajo si es arte. La señora Goldgruber es, como crítica, un hueso duro de roer. 



NOS ENGAÑAN LAS APARIENCIAS:

Para ser franca, no voy a mentir diciendo que el libro me encantó a la primera porque tuve que mirarlo varias veces para que captara mi atención más allá del título;  sin embargo, lo asumo, es más un problema de percepción inmediata que probablemente tenemos todos los espectadores, incluso en relación con nuestro contacto con las obras de arte, en tanto que, casi siempre necesitamos la pretensión y la grandilocuencia: el ruido, el color, y la extravagancia que brille y salte frente a nuestros ojos.  Los cómics de Mahler, siento manifestarlo, no son así. Sus dibujos presentan una estética extraña y bastante austera que puede desinteresarnos en un principio si eres una persona que no está acostumbrada a leer cómics. Sin embargo, al entrar en su historia y el humor, en verdad te atrapan. (Estoy esperando Viejos maestros).  La teoría del arte Vs la señora Goldgruber puede ser un buen libro de cómic que también nos sirve como terapia mientras renegamos y nos quejamos sobre el mundo del arte, sus incoherencias y sus desmanes.


 

EL AUTOR:

Nicolas Mahler nació en 1969, vive en Viena donde trabaja como dibujante de cómics e ilustrador desde hace ya bastante tiempo. Sus cómics y viñetas se publican en periódicos y revistas como Die Zeit, NZZ am Sonntag, Frankfurter Allgemeine Zeitung y Titanic. Mahler ha recibido múltiples reconocimientos por sus numerosas creaciones. En el 2010 obtuvo el Premio Max-und-Moritz al "mejor autor de cómics en alemán".

Mahler ha producido varias adaptaciones literarias en forma de cómic, entre ellos Viejos maestros (basado en la novela de Thomas Bernhard), Alicia en Sussex (basadas en Alicia en el país de las maravillas ) y El hombre sin atributos (basado en la novela de Robert Musil ), entre otros.

“Las figuras de Nicolas Mahler no tienen ojos, ni oídos, ni bocas - pero sin duda tienen carácter”


Dónde adquirirlo online:


13/11/15

TALLER DE ESCRITURAS CRÍTICAS MDE15

El martes 10 de noviembre tuve la oportunidad de estar invitada a proponer una charla dentro del Taller de escrituras críticas que se organizó dentro del MDE15 y que tiene como objetivo fortalecer el papel de la escritura crítica en nuestro contexto.

Es importante destacar que la escritura crítica dentro de las artes plásticas puede tener una pluralidad de “estilos” que se han heredado de los esquemas estructurales más ortodoxos y regulados, o puede también adoptarse posiciones irregulares e irreguladas (sic), que ayudan a enriquecer la escritura crítica alejándola un poco de ser un producto puramente academicista y para un público cerrado.


El tema central de la sesión fue “Escribir el arte: Fronteras entre el academicismo y la expresividad narrativa”. Un tema que abrió una interesante discusión acerca de los modelos estilísticos y estructurales dentro de los cuales se mueve la escritura del arte. 
Se revisó de igual forma la palabra ÉTICA dentro del contexto escritural, abarcando el tema de su poca o nula presencia dentro del mundo del arte, contribuyendo para mal del sistema a la legitimación y perpetuación de instituciones, artistas, discursos y demás circunstancias gracias a la incapacidad de formar un criterio claro. 
A continuación una pequeña presentación de la sesión de Escrituras Críticas que fue dictada en la Fundación Universitaria Bellas Artes.

Fundación Universitaria Bellas ArtesFundación Universitaria Bellas Artes, Cra. 42a #48-86, Medellín, Antioquia, ColombiaOctubre / 27 / 2015 - 6:00 PM Sesiones de trabajo presencial, durante 10 semanas, con una intensidad de 2 horas semanales. En este taller los asistentes desarrollarán ejercicios de exploración narrativa alrededor de la crítica de arte.
Si bien, el taller que se propone a continuación tiene por objetivo fomentar la crítica como escenario de circulación, apropiación y crecimiento del circuito del arte local, su carácter eminentemente narrativo y escritural puede relacionarse con otros objetivos posibles de la escritura y el fomento de comentarios críticos sobre el arte en el marco del MDE15.

14/8/14

LA DECISIÓN DE ESCRIBIR




En  un tiempo pasado, me angustiaba la idea de pensar que el medio artístico era un monstruo devorador de almas ingenuas que las convertía en seres envidiosos, antiéticos, materialistas, arribistas, y corruptos. Crecí un poco más y el miedo fue totalmente superado sobre todo porque ahora tengo la certeza de que todo esto es cierto. Por fortuna, no todos los que integran el sistema del arte tienen este perfil infame. Te puedes encontrar con personas sabias, interesantes, coherentes, y de buena voluntad, que se interesan por ayudar a los artistas más jóvenes sin necesidad de pedir algo a cambio. Yo me he topado con esta clase de personas y me puedo considerar afortunada.
Sin embargo, mirar al monstruo a los ojos y hacerlo sin temor, no es una tarea fácil. En repetidas ocasiones estamos tan indefensos y nos sentimos tan a la deriva de la incertidumbre del éxito y la certidumbre más próxima del fracaso, que por este mismo terror, algunos de mis colegas han tomado la decisión de desistir. Se alejan del medio artístico, reniegan contra el arte, hablan de la rosca, de la mafia, de las leyes del silencio, de las conveniencias, de las poses esnobistas, del materialismo, de los que se creen sabios, de los docentes mediocres, de los premios injustificados, de la poca valoración al esfuerzo, de la malsana manifestación de compincherías, de los localismo, de preferir los títulos sobre el talento, de la crítica hasta sobre lo que vistes en una exposición... y todos esos vicios que no hacen otra cosa que alimentar al monstruo que nos atrapa. Mis colegas tienen razón, es abominable. 
Pero también, hay algo tan especialmente mágico en el arte separándole de todo lo que pasa a su alrededor, y no es otra cosa que la virtud del intelecto, de la creatividad y del espíritu trabajando conjuntamente, y que sin duda, sigue siendo la manifestación de la capacidad del hombre para crear, diseñar, interpretar y construir el propio mundo. El arte es como un alimento para el impulso creativo de los artistas y es cuando éstos se comprometen verdaderamente,  es cuando pueden surgir las verdaderas obras de arte. No las otras, esas pseudo-creaciones superfluas y banales hechas solo para aparentar y figurar.

Decidí escribir porque creo en el arte, y creo que vale la pena tomársela en serio. Para mí  no es un hobby, ni una actividad insustancial; el arte y todo su sistema, sus agentes, teorías, y  manifestaciones, constituyen toda mi forma de vida y pernean mi manera de ver, de sentir y de ser. 
Quienes escribimos sobre arte, entendemos que es una necesidad que aflora cada vez que hay algo que nos inquieta; y la manera de exorcizar todos esos demonios que rodean este mundo, en mi caso, es escribiéndolos, nombrándolos, llamando a las cosas por su nombre, tal cual son, sin temor a los desdenes de los más falsos, dejando las verdades fijas en el papel, en la pantalla y en la memoria.

William Kentridge. Exposición “Fortuna” MAMM

¿Qué pasa en nuestro contexto con la escritura sobre arte?

Pasa que es un género dividido entre la acartonada academia, donde quienes escriben son historiadores, antropólogos, sociólogos, filósofos, críticos de arte que son historiadores, antropólogos, sociólogos o filósofos y generalmente son texto de encargo para catálogos, revistas especializadas o libros que poco acceso tienen para las personas del común, es decir para el público que no es especializado; y del otro lado, se mueve entre aquello que algunos llaman “periodismo cultural” donde quienes escriben son periodistas que generalmente graban las barbaridades que dijo el artista de manera descuidada, y transcriben el texto sin ninguna clase de criterio o seriedad analítica alguna. Estos textos aparecen cada día en los periódicos y en ocasiones son vergonzosos de leer. Comúnmente contienen errores de fechas, nombres, datos, etc., y lo más preocupante es que les pagan por ello. Sin embargo, también existen por fortuna algunos textos periodísticos mucho más serios y con un nivel crítico más elevado.

Lo cierto es, que en mi caso, ni soy periodista de formación (no sé si sirva un diplomado), ni soy historiadora, ni soy filósofa, ni esteta (aún). Soy una persona que se apasiona por escribir sobre arte con la sinceridad de alguien que ha tomado pentotal. Generalmente, mis publicaciones son para revistas que apenas inician su camino o revistas universitarias, porque siempre me encuentro ante un problema de “rol” y de actitud con quienes leen mis textos, así que mantengo algunas reglas estructurales que aplico siempre al momento de escribir:

-Intento dejar de lado los juicios totalitarios acerca de lo que SI es o NO es arte y prefiero dejar una pregunta abierta. 


-No me distraigo en lo buena persona que es el artista de quien escribo (la falacia biografista), no me dejo manipular por el miedo a los enemigos y menos jerarquizo mis textos de acuerdo al grado de amistad que conmigo puedan tener.



-No escribo de nadie que no me interese (para bien o para mal) su trabajo.

-Procuro no manejar la ley del silencio para protegerme de los miramientos y los detractores.

-Suelo escribir sobre lo que realmente me mueva a hacerlo, nunca escribo un texto forzado por la imposición del alguien más.

-Nunca pienso escribir bien acerca del trabajo de un amigo, a menos que este en verdad lo merezca. Tampoco pienso escribir algo negativo sobre alguien por el hecho de que este no sea mi amigo o tengamos algún problema personal. Lo personal no entra en mis textos y eso debe ser la regla principal de quienes me leen.

-No escribo sobre personas, es decir, nunca nada es personal, yo escribo sobre arte. Lo que se identifica como “persona” es el EGO. 

-Intento manejar un lenguaje muy próximo a todos, por lo cual trato de dejar citas a: Deleuze, Baudrillard, Lyotard, Lacan, Foucault, Vattimo, Derrida, Lipovetsky, Durkheim o Bourdieu, aunque en ocasiones las siento necesarias.

-No me interesa mucho eso que algunos llaman “Política institucional” porque suelo ser "políticamente incorrecta", ya que es la única forma, de en realidad, ser correctos.

-Suelo evitar adular, porque suelo evitar la hipocresía.

Y finalmente, escribo porque me siento completa, porque me es necesario intelectualmente y porque es la única manera de superar ese letargo tan característico en nuestro contexto que solo valora a la luz de las conveniencias y casi nunca valora a la luz de la verdad.



22/1/13

LA VIRGINIDAD DE URSULA, Una obra de Caravaggio

Por AVELINA LESPER

“Podrá desaparecer la especie humana y esto no cambiaría el curso de los astros” dice con toda verdad el Marqués de Sade. Nos desgarramos en guerras, enfermedades y asesinatos, y el universo, demasiado grande para nuestras pequeñeces, ni se inmuta. Lo que sí deja tras de sí la muerte trágica es la huella de sus golpes. Caravaggio, acusado de cometer un asesinato, pintó sus últimas obras mientras esperaba el indulto papal. Tal vez en el presentimiento de su muerte, une la belleza a la infinitud del dolor, hace un análisis descriptivo del ominoso conocimiento del verdugo sobre la acción que ejecuta, la inocencia de la víctima y del crimen como uno de los recursos del poder.




En El martirio de Santa Úrsula retoma el mito de la princesa virgen que es asesinada por el rey de los hunos. En la pintura, Caravaggio reinventa la dramatización de la escena para mostrarnos al responsable. El rey está de frente y en un hecho absolutamente irreal e improbable, dispara a unos pasos de distancia la flecha que atraviesa los senos de Úrsula. Ella mira cómo la flecha la penetra, es el instante previo a su muerte, no hay sangre, no hay herida. La ve con extrañeza, nos damos cuenta de que su ignorancia la hace virgen. Úrsula es alcanzada por la muerte antes que la comprensión de su propio asesinato, muere sin saber qué está pasando, por qué la muerte llega de esa forma. En cambio, el asesino sí lo sabe; él vivirá consciente de lo que hizo. Observamos al rey, conocemos su rostro; él y nosotros sabemos qué ha hecho. La delicadeza de la actitud de Úrsula contrasta con la penumbra en la que Caravaggio rodea a la escena, ella viste un espeso lienzo rojo, metáfora de la inmensa atrocidad que está sucediendo. Los brazos del rey conservan la posición del reciente lanzamiento, su mirada sigue el trayecto de su ofensa, se asegura de haber dado en el blanco, de haber matado con certeza. Caravaggio mismo presencia la escena detrás de Úrsula, clama al cielo conteniendo las lágrimas, incapaz de protegerla, dejándola cumplir su destino.


12/7/11

HEDDA STERNE " La última irascible"

“Pintas como un hombre, podrías ser uno de nosotros”


Úrsula Ochoa. De la serie “Bajo la sombra” Impresión sobre papel fotográfico 80 x 80 cm.

El 8 de abril del año 2011, murió en Nueva York una rumana de cien años llamada Hedda Sterne (1910-2011). La maquinaria necrológica se puso en marcha a la manera habitual y los titulares fueron: “Muere la última de los abstractos expresionistas”. Se referían a la pandilla de Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning y compañía, que durante los primeros años de la Guerra Fría, con la colaboración activa de la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, exportó al mundo entero la noticia de que había una nueva forma de pintar y que la capital del arte por excelencia ya no era París, sino Nueva York. Los abstractos expresionistas eran todos hombres, todos ególatras, todos pontificadores y bebedores, y ardieron como bonzos después de pelearse como perros rabiosos, después de descubrir con estupor que habían triunfado. Una foto a doble página aparecida en la revista Life en 1951, con el título “Los Irascibles”, los había hecho famosos. En la foto, entre todos aquellos machos cabríos, asomaba la cabecita de Hedda Sterne, en la última fila, la única mujer. “Soy más conocida por esa foto que por ochenta años de trabajo. Si tuviera ego, me deprimiría” declaró Sterne en el único reportaje que le hicieron al inaugurar su última muestra, cuando tenía 97 años.

Su aparición en aquella foto fue un malentendido. Los belicosos varones se enfurecieron en masa con ella y con Life, porque la presencia de una mujer le quitaba toda seriedad al asunto (Hedda aparecía en la foto con sombrerito y coqueta cartera colgando del brazo). Hasta el día anterior le decían de manera condescendiente: “Pintas como un hombre. Podrías ser uno de nosotros”. A partir de ese día decretaron que no era ni abstracta ni expresionista, cosa que ella misma les refrendó con una frase que mucha gracia no les hizo: “Es cierto, abstracto es Mondrian. Y, para expresionista, nadie mejor que mi Saul”. Su Saul era Saul Steinberg, que para aquellos pintores era, sí, un dibujante brillante, incluso un dotado, pero un mero caricaturista del New Yorker.
Steinberg era rumano como Hedda, ambos habían frecuentado los mismos ambientes en Bucarest, pero recién se conocieron en Nueva York (“Yo era cuatro años mayor que él, y a los diecinueve años no me andaba fijando en muchachitos de quince”), cuando Hedda venía de París, de donde huyó con lo puesto antes que la deportaran por judía, y Steinberg hizo lo propio desde Milán, en donde estudiaba arquitectura hasta que empezaron las purgas antisemitas. Steinberg apareció de visita en su departamentito de la calle 71, un mediodía de 1943, y se quedó dieciocho años. En la bañera de ese departamento pintó en 1949 su archifamosa Chica en la tina, que es por supuesto un retrato de Hedda.

A diferencia de la foto de Life, a ella nunca le molestó ser la chica de la bañera de Steinberg aunque se separaran en 1961. Hedda siguió viviendo en ese mismo departamento hasta su muerte, cuando ya hacía mucho que el dibujo se había despintado. Tampoco descolgó nunca de la pared de la cocina un hermoso diploma que le había hecho Steinberg consagrándola cocinera en jefe de la casa y de la ciudad (aunque no cocinó nunca más, ni siquiera para sí misma, después de Steinberg). Peggy Guggenheim le reprochó que abandonara la cocina y que se negara con la misma tozudez a que su pintura tuviese una marca de fábrica, un logo-style (Hedda le corregía: “Te refieres, sospecho, a ego-style”). Desde su llegada a América, se había fascinado con lo concreto y lo inmediato: “Estados Unidos era más extraordinariamente surrealista que cualquier cosa que hubiesen imaginado los surrealistas”. Con Steinberg recorrieron todo el país en auto (“Solo nos faltó Hawái; Saul no encontró el camino”). Sterne empezó a pintar autos en movimiento, gigantescas hortalizas vistas desde adentro, piezas de avión en forma de tótems, naturalezas muertas con sanitarios (una de sus obsesiones: las diferencias entre los sanitarios europeos y los del Nuevo Mundo), pero para su estupor y la hilaridad de Steinberg, todo lo que hacía era abstracto a los ojos de sus colegas: “Podrías ser uno de nosotros”,“Pintas como un hombre”.

Sterne confesaba sin pudor que sus momentos de sequía habían sido abundantes, por el simple hecho de vivir dieciocho años junto a un hombre que nunca trabajaba más de tres cuartos de hora seguidos y que confiaba a ciegas en una sola cosa en el mundo: su formidable primer trazo (según Steinberg, ese trazo era su modo de pensar). 
Durante esas crisis de confianza, Hedda hacía para distraerse psicorretratos a mano alzada de sus colegas y amigos: no eran fisonómicos; eran exclusivamente de la psique, en su opinión. Los acumuló durante años y cuando los expuso, creyendo que eran lo más abstracto que había sido capaz de hacer en su vida, la acusaron de haber traicionado la abstracción y (¡en 1971!) la defenestraron de nuevo. Steinberg había dibujado una vez una historia que Hedda le contó. La tenían colgada en la cocina: una nena está dibujando. La madre le pregunta qué dibuja. La nena dice que a Dios. “¿Cómo puedes dibujarlo si no sabes cómo es?”, dice la madre. “Para eso lo dibujo”, contesta la chica. Rothko y Barnett Newman estaban bebiendo una noche en esa cocina. Barnett le señaló el dibujo a Rotkho. “Eso es lo que estamos olvidando todos”, dijo.


Desde el momento en que empezó a perder la vista hasta que se quedó ciega, Sterne llevó una suerte de bitácora en forma de dibujos diarios, hechos en crayones blancos sobre papel blanco. Había instalado su mesa de trabajo contra la ventana más grande de su departamento y ahí se sentaba cada día, crayón en mano, buscando la luz con sus ojos lechosos. En un reportaje filmado que le hicieron antes de morir, está sentada a la misma mesa, la luz entra de costado y le ilumina los ojos, tiene el pelo blanquísimo y esa serenidad en la cara que solo los ciegos: es literalmente refulgente. “Los doctores dicen que no puedes gastarte los ojos. Lo que los gasta son otras cosas, no el uso”, dice en determinado 
momento. 
“El ego es la herramienta que usan algunos para que el talento parezca genio”, dice en otro momento. Uno la ve hablar, relatar su vida, y ve aparecer todas las mujeres que fue, todas ellas a la vez: la de diez y la de veinte y la de treinta y la de cuarenta y la de cincuenta, la jovencita fatal de la que se enamoraron Hans Arp y Duchamp, la perseguida por judía, la rescatada por Nueva York, la siempre atenta a la sensualidad del mundo, la artista inmune al ego, la solitaria, la anciana sabia. Como si de alguna manera, en ese envase, se preservaran todas, se preservara lo que la mayoría pierde de sí en el camino. Montherlant dijo que solo había un modo de retratar la felicidad: con tinta blanca sobre papel blanco. Hedda Sterne lo hizo.

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Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-168088-2011-05-13.html

La Alquimia interior y la Noche oscura del alma

La Alquimia es conocida como el arte y la ciencia de la transformación y la transmutación . En la alquimia tradicional se buscaba la trans...